El estoicismo y la vida moderna

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El estoicismo fue fundado en el siglo III a.C. por Zeno, un rico comerciante de la ciudad de Citius, en Chipre. Después de sobrevivir a un naufragio en el que perdió todo lo que tenía, Zeno fue a Atenas. Allí conoció las filosofías de Sócrates, Platón, Aristóteles.

La denominación procede del “stóa” griego, el pórtico donde enseñaba el fundador del estoicismo, Zenón de Citio (alrededor de los años 336-264 antes de nuestra era).

La historia del estoicismo se divide en tres períodos: el “stóa” antiguo (su más célebre pensador era Crisipo, años 281-207 antes de nuestra era), el “stóa” medio y el nuevo. En la época del Imperio Romano, el “stóa” (nuevo), con su preferencia por la ética y los problemas morales, que le caracteriza, está representado por Séneca (alrededor de los años 2-65), Epícteto (alrededor de los años 50-138) y Marco Aurelio (121-180).

Sus principios fueron retomados por el cristianismo y el budismo, entre otras religiones. También influyó sobre filósofos como Descartes y Spinoza y, más recientemente, sobre la corriente cognitiva-conductual de la psicología.

Los estoicos proclamaron que se puede alcanzar la libertad y la tranquilidad tan solo siendo indiferente a las comodidades materiales, la fortuna externa y dedicándose a una vida guiada por los principios de la razón y la virtud (tal es la idea de la imperturbabilidad o ataraxia).

Lo importante no es lo que nos sucede, porque es inevitable, sin embargo, la forma en la que interpretamos y gestionamos cada situación que dependa de nosotros es lo realmente importante.

Los hombres no se perturban por las cosas, sino por la interpretación que de ellas hacen.

Epícteto (55 -135 dc)

Epicteto, uno de los máximos exponentes del estoicismo llegó a afirmar que “la felicidad no consiste en desear cosas sino en ser libre”. Estaba convencido de que esa libertad se consigue reduciendo los deseos a su mínima expresión. “La riqueza no consiste en tener muchas posesiones, sino pocos deseos”, afirmaba el filósofo. Si bien mas tarde algunas corrientes religiosas como el budismo adoptaron claramente estos principios de vida contemplativa y austera.

Podemos afirmar que una persona estoica es aquella que trata de trabajar el autocontrol y la autoconciencia para lograr una vida plena, abandonando todo aquello innecesario y lo que no está en nuestra mano. Ser estoico no significa ser frío o distante, sino intentar dominar las emociones negativas y rodearse de pensamientos positivos para alcanzar la felicidad con todo aquello que nos aporta como persona y nos hace crecer.

Algunos de los filósofos más importantes de las escuelas estoicas antiguas fueron:

  • Zenón de Citio (336 a. C. – 264 a. C.): fundador del estoicismo. Era un rico comerciante de la ciudad de Citio, en la isla de Chipre, que perdió todos sus bienes en un naufragio. A partir de este evento estudió filosofía en Atenas con diferentes maestros hasta que desarrolló la escuela filosófica estoica.
  • Crisipo de Solos (c. 281/78 a. C.-c. 208/05 a. C): discípulo de Zenón y continuador de su escuela.
  • Epicteto (55 d. C-135): filósofo romano de origen griego que fue esclavo gran parte de su vida. Alrededor del año 93 fundó una escuela estoica en Nicópolis (Grecia), la cual alcanzó una gran fama.
  • Lucio Anneo Séneca (c. 4 a. C.- 65d. C.): filósofo y político romano cuyas obras son la principal fuente de estudio del estoicismo antiguo.
  • Marco Aurelio Antonino (121-180 d. C.): emperador romano seguidor de la filosofía estoica. En su libro Meditaciones realizó una serie de reflexiones acerca del gobierno desde una posición estoica.

Principios del estoicismo

  • Acepta lo que no puedes cambiar. Un desastre natural, una enfermedad o un comportamiento ajeno son situaciones que no puedes controlar. No te castigues por algo que no puedes cambiar. Focalízate en lo que está en tus manos, como tus decisiones y juicios.
  • Aquí y ahora. Céntrate en el presente, en aquello que estás haciendo. Séneca aconsejaba meditar sobre nuestro día a día, analizando cómo respondemos a las situaciones. Intenta disfrutar de la actividad que estés haciendo y aparca cualquier distracción.
  • Piensa antes de hablar. Intenta evitar las reacciones emocionales. Por ejemplo, si alguien te ofende, no contestes con otro insulto. Valora su comentario y reflexiona sobre cómo puedes mejorar tú mismo.
  • Evita las críticas. No es malo hablar de alguien, pero intenta no dar vueltas a un asunto sin sentido. No está en tus manos controlar a los demás y, si alguien piensa distinto a ti o tiene una actitud que no te gusta, déjalo.
  • Sigue aprendiendo. Mantente siempre abierto a nuevos conocimientos. La sabiduría es una virtud estoica. Lee libros, mira documentales y sigue aprendiendo a diario.
  • Relativiza. Intenta no estresarte por lo que tiene poco valor. Si se te rompe un plato o pierdes un billete, no te alteres. Tu tranquilidad vale más que agobiarte por cosas sin importancia.
  • Rodéate de buena gente. Invierte tiempo en aquellas personas a las que respetas, te aportan cosas y te motivan a ser mejor. Disfruta de la compañía de tu familia, pareja y amigos.
  • Sé amable. Toma decisiones basadas en tus principios, sin esperar una recompensa o un elogio. Si quieres ayudar a alguien, hazlo porque lo sientes, sin buscar un reconocimiento.
  • Conciénciate sobre la muerte. Memento mori, en lenguaje estoico. Tarde o temprano llegará tu día. Plantéate si lo has aceptado o si has imaginado cómo será. Teniendo en cuenta esa realidad, medita sobre tus decisiones.
  • Escribe un diario. Anota tus impresiones al final de día. Piensa sobre las decisiones que tomaste y si podrías haber decidido mejor o haber gestionado la situación de otra manera. Leer a diario una cita de un filósofo estoico puede ayudarte a seguir esta corriente.

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