LeBron: Inteligencia Artificial, nostalgia est(ética) y ¿loa? estadística

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LeBron James podría haber practicado cualquier deporte. Tiene un físico privilegiado. Es una máquina… Todos estos lugares comunes (o perogrulladas) se suelen expresar cuando nos encontramos ante un cuerpo superdotado para las habilidades deportivas. Pocos ponen el enfoque en la importancia de la inteligencia, de la capacidad mental para asimilar, desarrollar y ejecutar. Stephen Silas, actual entrenador de los Rockets, señalaba esta característica cuando formaba parte del cuerpo asistente de los Cavs en la temporada rookie de LeBron: “Es bueno, muy bueno para hacer muchas cosas diferentes. Lo que realmente lo diferencia de los demás es su inteligencia, su capacidad de aprender las cosas muy rápido, de entender cómo funcionan y de hacerlas propias”. Grant Wahl recogió en su famoso artículo de Sports Ilustrated Ahead of his class unas declaraciones del propio LeBron cuando tenía 17 años: “Muchos jugadores saben cómo jugar al baloncesto, pero en realidad no saben, no sé si me entiendes. Pueden meter la pelota en el aro, pero yo veo las cosas antes de que sucedan”. Jim Boeheim, asistente de Coach K en el equipo olímpico de baloncesto en Pekín 2008, recuerda: “Estaba claro quién era el líder de esa nueva generación de talentos. El talento y la inteligencia de LeBron le habían ganado el respeto de los demás: cuando hablaba, todos escuchaban”. Estas declaraciones son representativas de que LeBron no sólo es un cuerpo privilegiado, sino una mente privilegiada incorporada a un cuerpo físicamente extraordinario.

La longevidad de LeBron es algo tremendamente llamativo teniendo en cuenta el increíble nivel que ha exhibido cada temporada perdiéndose muy pocos partidos y sin lesiones especialmente graves salvo los últimos dos años y medio donde parece que su excepcionalidad física empieza a humanizarse (aunque tampoco demasiado). Un físico así no se mantiene ex nihilo, necesita una inversión inteligente y concienzuda. Obviamente ser un multimillonario ayuda, pero no todos los que están cerca de su nivel económico invierten 1.5 millones de dólares al año para mantenerse en forma. Fisioterapeutas. Nutricionistas. Equipo médico. Todo tipo de gadgets, objetos y maquinaria para que un cuerpo tan imponente se mantenga lo más fresco, vigoroso y lozano posible. Un cuerpo humano que desafía el desgaste físico, las lesiones y el deterioro habitual de los años. LeBron es un nuevo Prometeo. Podríamos parafrasear al filósofo Ihab Hassan y su trabajo Prometheus as Performer: Towards a Posthumanist Culture sustituyendo cultura por baloncesto. LeBron puede ejemplificar los designios de posthumanistas y transhumanistas que sueñan con una nueva especie humana que mejore la actual y sea más avanzada (Homo Excelsior) partiendo de la evolución darwiniana para establecer cambios genéticos, tecnológicos y médicos. Parece que LeBron está más emparentado con Terminator que con el monstruo que resucita el doctor Frankenstein. O tal vez sea un monstruo evolucionado y perfeccionado (como dice Guille Giménez en sus narraciones: “Un monstruo viene a vernos”). Los “artificios” (incluido su propio cuerpo) de los que se vale LeBron, inteligentemente añadidos a su mente (“alma”) ágil, dinámica e intuitiva le convierten en una inteligencia artificial auténticamente humana, plena de apetito spinoziano: “El alma se esfuerza por perseverar en su ser con una duración indefinida y es consciente de ese esfuerzo suyo. Este esfuerzo, cuando se refiere al alma sola, se llama voluntad, pero cuando se refiere a la vez al alma y al cuerpo, se llama apetito, éste no es otra cosa que la esencia misma del hombre”. Ética: De la naturaleza y el origen de los afectos, Baruch Spinoza.

Etimológicamente, nostalgia viene de nostos (vuelta a casa) y algia (añoranza). En el siglo XVII la nostalgia se consideraba una enfermedad; si sucediese lo mismo hoy, las clínicas, centros de salud y hospitales estarían tan sobresaturados como en la pandemia vírica. La época post-meta-moderna actual vive enclaustrada en la nostalgia, melancolía, retromanía y retrotopía. Quienes prefieren la NBA de hace 30 años a la actual hablan siempre en términos vagos y personales, idealizando una infancia o adolescencia en la que disfrutaban del baloncesto con la misma pasión que de la vida. Al ser adultos la llama de esa pasión mitificada se apaga y aparece la nostalgia, la utopía de un pasado que nunca volverá e incluso que nunca fue… la memoria suele jugarnos malas pasadas, es selectiva y muy sublimatoria. Comparar a LeBron con Jordan (o con Magic, Jabbar o Chamberlain) es un juego “analítico” baladí que olvida (deliberadamente) el contexto. Para un análisis profundo hay que tener en cuenta muchas variables y sobre todo contextualizar cada época.

La estética se ha convertido en una mirada profundamente individualista, y paradójicamente tiene una reminiscencia colectiva clásica y viejuna sobre la belleza que parece no haber evolucionado desde el concepto estético-artístico del siglo XVIII. En cuanto a la NBA es sugerente cómo se le da relevancia a la estética del tiro, pase, dribbling, juego de pies en el poste… El baloncesto siempre ha tenido un cierto parecido con el arte de la danza, el ballet, la coreografía, la armonía dinámica de cuerpos moviéndose en un mismo tempo con diferentes ritmos disruptivos que generan la ventaja necesaria para encestar. Esto ha sido sobreexplotado por la mercadotecnia norteamericana (en términos publicitarios, audiovisuales y cibernéticos). Se le achaca a LeBron ser demasiado fuerte, robótico, mecánico, sin plasticidad, tosco. Jordan se elevaba por encima de las nubes y se mantenía planeando como Ícaro, además de ser un auténtico “killer” en los momentos de la verdad. Jabbar patentó su propio tiro indefendible de una eficacia fuera de lo normal. Bird era un maestro leyendo el juego y enchufaba triples uno tras otro sin apenas fallo. Magic asistía a toda velocidad mientras miraba a la grada y guiñaba un ojo a sus fans. Nos encantan los highlights. Y si son de 5 minutos o menos mejor. Cuesta observar con atención, analizar sin prisas, escrutar meticulosamente. En la era de las redes sociales hiperaceleradas todo se resuelve con unos minutitos de interés. Estos highlights son ventanas abiertas a nuestra memoria más sublimada y se ajustan perfectamente a nuestra retrotopía. Animo a quien quiera a ver cualquiera de los infinitos videos de las mejores jugadas de la carrera de LeBron (que todavía está en activo). El parecido con cualquier ídolo anterior es mera coincidencia.

Éticamente la labor de LeBron es encomiable. Su estabilidad mental respondiendo a las exigencias de cada temporada, cada campeonato, cada final, cada partido de playoff o temporada regular demanda una ética individual asombrosa. Esta firmeza tenaz en mantenerse siempre atento, actualizado, siendo consciente de su rol en las plantillas (a veces confeccionadas por él mismo), generando juego para sus compañeros, siendo capaz de liderar el tempo de los partidos desde cualquiera de las 5 posiciones en la cancha requiere de una ética de trabajo hercúlea. Curry ha cambiado el baloncesto por su versatilidad, facilidad y eficacia en el tiro desde distancias hace años impensables. ¿Y LeBron? Los equipos construidos a partir de la defensa (LeBron es un gran defensor de jugadores grandes) y con tiradores abiertos con buena mano han empezado a establecerse en la liga desde la explosión de LeBron (especialmente en la segunda aventura con los Cavs), creando imitadores que a través de buenos 3&D (algunos de ellos cuatros e incluso falsos cincos con buena mano e intimidación defensiva) y un jugador todoterreno puedan competir al más alto nivel. Mavs, Bucks o Celtics son algunos ejemplos que, con ajustes y salvedades, tratan de emular el modelo “LeBron team”.

“El baloncesto continuará también después de mí, habrá jóvenes que ocupen mi puesto. Yo puedo controlar lo que hago en la cancha: cómo me muevo, cómo camino, lo que digo, cómo intento honrar este deporte dando siempre el máximo, intentando ser el mejor. Lo más importante para mí es el modo en que inspiro a la nueva generación, igual que la anterior me inspiró a mí. Pero lo que hago en la cancha para mí es mucho menos importante que lo que hago fuera de ella. Ese es mi verdadero legado, mi verdadera herencia”

King. La biografía de LeBron James, Davide Chinellato, 2023

Con respecto a la ética social LeBron ha sido y es un ejemplo. Comprometido con su comunidad, participativo en política y contundente sobre los conflictos raciales. Howard Bryant, periodista de ESPN comentaba: “En el pasado nos habría impactado que un jugador del calibre de LeBron se manifestara contra la brutalidad policial. Ahora nos sorprende cuando no es así”. Hay muchas personas que se irritan cuando un deportista de alto nivel alza la voz clara y diáfanamente expresando sus compromisos políticos, esgrimiendo la falacia y sandez más espantosa: “El deporte no es política” (¿?). Parecen nostálgicos de épocas en las que los jugadores de la NBA se dedicaban a poner el cazo, promocionándose en forma de mitos publicitarios y evitando hablar de temas conflictivos, sociales o políticos. Aunque a veces llama la atención como estas mismas personas dependiendo del deportista que lo diga (o su discurso “ideológico”) aplauden y dan palmaditas en la espalda. Su compromiso con el movimiento Black Lives Matter tuvo un impacto extraordinario. Tuvo un enfrentamiento claro y abierto con el ex-presidente Trump. En la fantástica biografía de Davide Chinellato King. La biografía de LeBron James, el autor recoge esta declaración de LeBron sobre las críticas acerca de la baja audiencia televisiva de la NBA debido, según Trump, a la excesiva politización (el propio Trump dijo que ya no veía la NBA): “No creo que haya nadie en el mundo del baloncesto que esté triste por haberlo perdido como espectador. Tenemos seguidores en todo el mundo, hinchas que no solo aman cómo jugamos, sino que también respetan todo aquello que estamos incluyendo en el juego, comenzando por aquello que consideramos que está bien o que está mal”. LeBron se ha convertido en un portavoz político, dejando clara su postura moral y ética. Un zoon politikón al más puro estilo aristotélico.

La recordfilia actual es bastante cansina. Se recitan estadísticas como si fuese la lista de los reyes godos o la tabla de multiplicar. Contradictoriamente, cuando se habla de records híper actualizados el discurso es tan manido que huele a naftalina. Los records fundamentados en lo presente, lo vigente, lo actual se quedan desfasados ipso facto. LeBron los ha batido casi todos, pero lo interesante es indicar su evolución como jugador que revela su capacidad de progreso, adaptación y mejora constante. Nunca se le ha considerado un puro anotador y es actualmente el máximo anotador histórico de la liga. Mucho menos se le ha tenido en cuenta como triplista, y resulta que está el noveno en la lista de más triples anotados. Las finales perdidas con Mavs y Spurs con el big three de Heat hicieron que se concienciase de esa rémora, y fue avanzando en porcentaje de acierto incrementando su amenaza exterior de manera excelsa. Parecía chupón, jugando para su lucimiento personal. Resulta que es el cuarto máximo asistente de toda la historia de la liga (está pisándole los talones a su gran amigo CP3). Finales jugadas de manera consecutiva. All-Star games. All-Star teams. MVPs. Anillos. Y por supuesto lo intangible: un jugador de esta dimensión legendaria genera respeto y temor en los rivales únicamente con su presencia. El mismo respeto y temor que para LeBron tenía el mito de Jordan. Cuando consiguió el anillo con los Cavs en 2016 (una de las mejores finales de la historia de la NBA) dijo: “Estoy persiguiendo un fantasma”. Una narrativa especular gótica en la que el fantasma representaba tanto a Jordan como a él mismo.

Davide Chinellato menciona en su libro el discurso que dio LeBron al recoger su tercer MVP en la temporada 2011-2012: “De donde yo vengo, de Akron, Ohio, la gente te ve como una estadística: si creces casi pobre en una familia monoparental, terminarás pidiendo limosna por la calle o en la cárcel. Salir de ahí o triunfar no son una opción. Como tampoco lo es terminar en la NBA, o incluso ser el mejor jugador de la temporada. Esta es mi novena temporada en la NBA. Hace menos de diez años, mi sueño era conseguir entrar en ella; nunca había soñado con ser el MVP, jamás había soñado con hacer lo que hago al máximo nivel. Todo lo que está sucediendo está más allá de mi imaginación y cualquier sueño”. LeBron fundó en su ciudad natal la escuela I Promise tratando de rebelarse contra las estadísticas sociológicas al igual que lo hace contra las estadísticas deportivas y los mitos idealizados (incluido el suyo).

Jabbar (que ha tenido sus más y sus menos con El Elegido, especialmente molesto por la laxitud que mostró LeBron ante el proceso de vacunación en la época pandémica) escribió un artículo para Sports Illustrated en 2020 expresando por qué El Rey merecía ser nombrado deportista del año: “Parte de ser un héroe es tener tanto la modestia de sentirse indigno de una palabra tan pesada como la fuerza para aceptar la responsabilidad que conlleva el hecho de que otros busquen que tú seas ese héroe. ¿Qué es un héroe sino alguien que defiende a los que no pueden? ¿Quién encarna nuestros preciados ideales de deportividad: juego limpio, trabajo duro y compasión? Eso describe bastante bien al LeBron James que he visto y he conocido desde que fue la primera selección en el draft de la NBA de 2003 y fue nombrado Novato del Año”.

Dejo aquí dos reflexiones del mejor periodista deportivo de este país: Antoni Daimiel Bolaños. En su magnífico libro-diario El sueño de mi desvelo empieza el capítulo 2006-08 – Las nuevas generaciones hablando de LeBron: “Al comienzo de su carrera existía en el ambiente cierto tufillo prepotente y desafiante que provocaba un punto de rechazo a todo lo que íbamos conociendo de él. Su gestualidad en la pista y su condición de robot perfecto en el terreno físico no remaban a favor. Además, el cuento de que estábamos ante el nuevo Jordan ya nos lo habían contado bastantes veces antes de irnos a dormir y el final nunca coincidió con el que nos anunciaban por escrito. ¿Por qué esta vez iba a ser diferente? Quizá por entonces nos faltaban datos futuros de la capacidad de LeBron para resolver retos y desafíos sin sentir la presión de su existencia. Datos indispensables para un juicio completo. Y además Michael Jordan aún seguía en activo”. Continúa más adelante sobre la final de conferencia Pistons vs Cavs del 2007: “LeBron tenía ya experiencia en la reacción y en el remonte después de las críticas. En el primer partido de la final de la conferencia ante los Pistons sólo anotó diez puntos. Ya estaba instalado el comentario de que era un jugador sin tiro exterior y que en momentos culminantes expresaba dudas e inseguridades. Pero, una semana después de ese mal inicio de eliminatoria contra Detroit, James decoró su biografía con una de las actuaciones individuales más memorables de la historia moderna de los playoffs. Recuerdo que salté y golpeé el sofá con el puño, solo en el salón de casa aquel jueves por la noche. LeBron anotó 29 de los últimos 30 puntos de Cleveland en el partido, consiguió la canasta ganadora y acabó el encuentro con 48 puntos anotados. El adjetivo de «imparable» alcanzó su máximo exponente en las crónicas de aquella noche. Ni el dos ni el tres contra uno del equipo de Flip Saunders fueron capaces de interrumpir el festival de aquel solista”.


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