El increíble caso del tendón desorejado

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Soy un tendón desamparado; me he separado de mi manada sin contagio ni amistades. He roto con mi familia, y me he roto de envidia; ahora no quieren nada conmigo porque soy inútil de rotura y despego por lo fácil que me desabrigo. Siempre al lado de mis hermanos musculados, siempre a su vera, aunque no es mi caso el que me hace vibrar a la primera, que hay músculos más importantes y deseables según quien los quiera.

Me llevan a la sala de espera a ver si me arreglan o dan solución con mi caso, que es un despropósito, un descalabro, un dislate de proporciones innombrables, que no he hecho más que forzar la máquina con mis primos y hermanos mayores, hasta que la cuerda cede por completo, el cuerpo de este hombre sufre, y vamos a que nos grapen, para ver si nos volvemos a unir.

Una vez me habló un rotuliano que la relación no es la misma desde la primera ruptura; que las cosas son desde ese instante más frágiles, y al mínimo roce, todo se vuelve a torcer, y es que con la familia músculo siempre hay que llevarse bien y nunca forzar las cosas, que si no, todo se tuerce liándose la de San Quintín; y después, no hay santos que intervengan para el remedio de este desaguisado.

Los tendones somos los primos, tíos y sobrinos que todos quieren en su bando, y no paran de movernos de uno a otro lado; al final, siempre salimos, no mal, sino fatalmente parados; cosas de la política dentro de la familia, desmanes de la genética.

Soy un abandonado por la osamenta y el inesperado juego de articulaciones, que traman a la desesperada con el objetivo de desgastarnos, esperando ganar la partida, que a cada ruptura, la cosa para todos y casi todas, siempre está perdida. Se creen que por ser y hacer la unión de sobrino musculito con tío hueso, tengo que permanecer siempre ahí, escudando sus tensiones y encontrándoles en sus recovecos. De ahí que tanto me sacrifique, y cuando me desgarre, termine siempre medio muerto.

Que no se entera mi familia; puedo ayudar pero no soportar; puedo amortiguar, e incluso si me ponen en extremo, apoyar, pero jamás decantarme, ni por tuétanos, ni por magra fibrilar. ¡Vaya faena me han hecho, con eso de ser el puente de unión con astillas cuando nos hacemos viejos!

Es igual, y para los enfermos del ejercicio físico, lo mismo da cuando se trata de tonificar, con mayor esfuerzo que menos, que luego así nos va. Lesiones por exceso de trato, confianzas excesivas al ritmo de trabajo en el cuerpo ya trabajado, que no podemos más, y se creen los forofos de las bicis, aparatos, pesas y tablas a seguir, que no nos viene la antigüedad, ¡pues no señores, se confunden!; ya se darán cuenta cuando no puedan ni andar.

Invisible ante el regocijo corporal, pero rozando lo imprescindible para estiramientos, fusiones óseas y otros menesteres anatómicos de verdad, dentro de la maquinaria somos a los que más debemos mimar no descuidando al resto, pero cierto es, que delicados nos andamos, así que, se nos debería cuidar. Y otros se preguntarán, fundamentalistas del esfuerzo sin parar, ¿para qué?

Aquí tienes alguna que otra: para poder movernos muy bien, cuando se pasen los cincuenta, y los sesenta, con rodillas con chicha y mucha piel; para sentirnos siempre fuertes sin usar la fuerza, que ese es el auténtico poder; para decir a los demás que queremos llegar sin penas, que tanto los vicios como las virtudes en exceso nos dejan hechos desechos, y eso nos lo comemos como locuelos; para sentirnos contentos con lo que llevamos dentro, y que no suponga carga, por haberlo castigado tanto y durante tantos tiempos.

Por todo lo acontecido, a la espera de mi inspección técnica, ocular y de quirófano en vena, ni soy rotuliano (insigne linaje) ni de Aquiles (desde los griegos vienen los de esta estirpe); soy el peor de la prole, la oveja negra de la familia, el quebrado, el despegado, el con nadie roces quiere.

Por eso soy desorejado, porque no hay quien me note ni me oiga, y porque no me hacen caso cuando fallo salvo en urgencias, por dolor de mi amo, y santa paciencia de todos los amables matasanos que intentan repararme.

Lo dicho; un desalmado, un díscolo, un desempleado pendiente de remiendo, y volveremos a la carga, como somos, tensos, duros y bien armados, según la herencia otorgada.


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10 de mayo de 2023

Una genialidad metafórica que yo interpretó como el cansancio, el esfuerzo yermo, y la invisibilidad de aquellos que pese a su predisposición nunca les será reconocido su honesto esfuerzo . Si no sacas músculo , léase fama/dinero no eres nadie , invisible, apenas una miofibrilla.

Mulan
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