The Legendary Marvin Pontiac: Greatest Hits (1999)

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Dennis oyó una voz de barítono, que en parte cantaba y en parte hablaba:

«Tengo un hueso para ti. Tengo un huesecito para ti.

Tengo un hueso para ti porque soy un perrito y ando desnudo casi todo el tiempo».

Por la armónica podría ser Little Walter —aventuró Dennis—, pero no sé.

¿Little Walter? Joder… Es Marvin Pontiac, tío, y su éxito I’m a Doggy.

Es la primera vez que lo oigo.

Debería darte vergüenza. Marvin es mi favorito. Tiene algo de Muddy Waters. Iggy Pop tiene algo de Marvin, pero robado. ¿Conoces a Iggy?

Ya entiendo lo que quieres decir: I Wanna Be Your Dog de Iggy viene… claro, de I’m a Doggy.

Marvin Pontiac seguía medio cantando, medio diciendo:

«Soy un perrito. Apesto cuando me mojo porque soy un perrito».

A una parte de su música la llama blues afrojudaico —explicó Robert—. Siempre llevaba túnicas blancas y un turbante, como Erykah Badu antes de quedarse calva. Era muy suyo. Vivía solo… Escucha esto. Un productor le pidió que grabara un disco, ¿sabes? Y Marvin Pontiac le dijo: «Vale, de acuerdo, si me cortas la hierba».

¿El césped?

Sí, la hierba, el césped. El tío se la cortó para meter a Marvin en el estudio. Es lo que estás oyendo: Grandes éxitos del legendario Marvin Pontiac, entre ellos Pancakes y también Bring Me Rocks, ésa en la que dice: «Mi pene tiene cara y le gusta ladrar a los alemanes». Tiene su gracia, porque a Marvin Pontiac nunca le hicieron una foto de la cara. Hay fotos suyas en las que sale de lejos, con la túnica blanca y el turbante, ¿sabes? Pero ninguna en la que salga de cerca”.


Elmore Leonard, El blues del Misisipi, 2002

Marvin Pontiac fue atropellado por un autobús en junio de 1977, terminando así la vida de uno de los genios más enigmáticos de la música moderna. Nació en 1932, hijo de padre africano de Malí y madre judía blanca de New Rochelle (Nueva York). El apellido original del padre era Tourè, pero lo cambió a Pontiac cuando la familia se mudó a Detroit, creyendo que era un apellido estadounidense convencional.

El padre de Marvin dejó a la familia cuando Marvin tenía dos años. Cuando su madre fue ingresada en un manicomio por problemas mentales en 1936, el padre regresó y llevó al joven a Bamako (Malí), donde Marvin creció hasta los quince años. La música que escuchó allí lo marcaría para siempre.

A los quince años, Marvin se mudó solo a Chicago, donde aprendió a tocar la armónica influenciado por la escena bluesera. Un par de años después el gran Little Walter acusó a Marvin de copiar su estilo tocando la armónica. Esta acusación provocó una pelea a puñetazos en un pequeño club de Maxwell Street. Perder una pelea contra Little Walter, mucho más pequeño y enjuto, fue tan humillante para el joven Marvin que dejó Chicago y se mudó a Lubbock (Texas), donde se hizo fontanero.

No se sabe mucho de él los siguientes tres años. Hay rumores de que Marvin pudo haber estado involucrado en un robo a un banco en 1950. En 1952, tuvo un éxito menor para Acorn Records con la controvertida canción I’m a Doggy. Sin que Marvin y su sello lo supieran, simultáneamente tuvo un enorme éxito en Nigeria con la hermosa canción Pancakes.

Su desdén y desconfianza hacia el negocio de la música están bien documentados y pronto se peleó con el propietario de Acorn, Norman Hector. Algunos otros sellos discográficos mostraron interés, pero Marvin se negó a grabar para nadie a menos que el dueño del sello fuera a su casa en Slidell (Luisiana), y le cortara el césped.

Según algunos testimonios, las canciones de Marvin eran la única música que Jackson Pollock escuchaba al pintar, aunque este respeto no era mutuo. En 1970, Marvin creyó que había sido abducido por extraterrestres; al parecer su madre había tenido una experiencia inquietante similar, que le había provocado una crisis nerviosa. Dejó de tocar música y dedicó todo su tiempo y energía a contactar con esas criaturas que habían explorado su cuerpo de manera tan brutal. Cuando lo arrestaron por ir desnudo en bicicleta por las calles de Slidell (Luisiana), declaró que era resultado de una apuesta perdida con estos extraterrestres.

Marvin tenía la creencia tribal de que hacerse una fotografía podía robarle el alma, por lo que apenas hay fotos de él.

En 1971 regresó a Detroit, donde cayó para siempre en la locura.

Flea, el famoso bajista de los Red Hot Chilli Peppers, dijo: “En mis años de formación, no hubo influencia mayor que la que produjeron en mí las canciones de Marvin”. David Bowie declaró: “Pontiac es tan inconteniblemente adelantado a su época que sus canciones parecen compuestas ayer mismo”. Beck siempre ha sido un gran aficionado a Marvin: “Todas las innovaciones posibles en la música están ahí”. Leonard Cohen: Marvin Pontiac fue una Revelación, con mayúscula”. Iggy Pop exclamó cuando lo escuchó por primera vez: ¡Guaaah! ¡Brutal!”…

Todo lo que acabáis de leer es mentira, falso, un fake en toda regla. Marvin Pontiac nunca existió. Detrás de su figura se escondía el no menos enigmático artista multifacético John Lurie: músico y compositor (el grupo The Lounge Lizards que formó con su hermano Evan es mítico), actor (ha participado en grandes películas de la mano de Scorsese, Lynch y especialmente Jarmusch), director, pintor, escritor…

Tanto Elmore Leonard como el resto de artistas estaban metidos en el ajo junto a Lurie ayudando a crear la figura ficticia de Pontiac: “Cuando hice el disco de Marvin Pontiac no me sentía cómodo cantando, así que creé un personaje ficticio para hacerlo. Luego, como no soporto escribir mi autobiografía, inventé la historia vital de Marvin Pontiac. Para que pareciera real les pedí a músicos famosos como Iggy Pop o Flea que escribieran algo sobre la influencia musical de Marvin Pontiac en sus vidas artísticas”. Para este álbum Lurie reunió a unos interpretes siderales y alienígenas: Marc Ribot, John Medeski, Calvin Weston, Tony Scherr, Evan Lurie… La broma era fácil de descubrir: los músicos de la banda reunida por Lurie, que aparecen en los créditos del disco con sus nombres reales, no habían nacido o eran unos chavales en la época que supuestamente grabó Marvin Pontiac así que era inviable que hubieran participado en la producción de un disco. Una burla exquisita que satirizaba asuntos identitarios, mercadotécnicos y culturales.

Estamos ante un discazo de blues brutal, divertido y herético con unos músicos tocados por la varita mágica de Marvin Lurie.

Menú y maridaje

Trampantojos. Están muy vistas las aceitunas esferificadas pero siempre mola la explosión de aceite virgen extra en la boca. Empezamos a saco con los embutidos del mar de Ángel León: salchichón, chorizo, butifarra, sobrasada y jamón, todo de pescado. Chocolate con churros, es decir, churros de manzana con crema de morcilla. Una taza de capuchino (en realidad crema de setas con una espuma de queso espolvoreada con nuez moscada). Mini Babybel de Camembert Truffe (se come todo de un bocado incluyendo la cera que lo recubre). De postre el huevo poché de Diego Guerrero (la cáscara es chocolate con leche, la clara coco y la yema líquida mango). Para quien se quede con hambre un pollo al chilindrón sin trampa ni cartón. Regadlo todo con tintos gallegos, rosados franceses, blancos riojanos y espumosos italianos.

Compañía

Disfrutad de este disco con alguien a quien no conozcáis del todo bien. ¿Conocéis a alguien perfectamente? ¿Sabéis quién es? ¿Seguro? Este disco puede desenmascarar a cualquiera.

Bonus track

Curiosamente ese mismo año Siniestro Total produce su disco La historia del blues contando la vida del músico de blues Jack Griffin (nombre del protagonista de la novela El hombre invisible), otra figura ficticia que sirve de cohesión de este gran disco conceptual que supuso un punto de inflexión en la carrera del grupo gallego. También se publicaron un cómic y un documental (Vida y Tiempo de Jack Griffin). Una gozada de biopic metaficcional musical.


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