Nómada. Ronin. Samurái

Difunde cultura

Busca siempre aprender y crecer. El conocimiento es el arma más poderosa que puedes poseer.

Miyamoto Musashi (1584-1645, famoso samurái y autor de “El libro de los cinco anillos”)

Esta es la historia de un nómada, que a veces era ronin, pero siempre samurái.

Estoy en la creencia que en la vida hay muchos nómadas, tantos como viajes, muchos de ellos difíciles, otros inasumibles, algunos imposibles, y en muy pocos casos, fáciles. Me pregunto quien crees que eres ¿Un nómada, un ronin, un samurái?, ¿quizás todo o nada a la vez?.

Todo empezó hace unos quince años, como pasa el tiempo, incansable, veloz, sereno, inalterable. Primero hubo que abandonar aquel hogar, aquel donde llegó lo mas preciado, tras aquello, migrar a casa de un familiar que nos acomodó en su casa por largo tiempo, a partir de ese momento nos convertimos en nómadas de las circunstancias.

En tiempos revueltos lo que unos pocos ven como oportunidad sin embargo para la mayoría es un desastre personal, un rio que te arrastra sin nada a lo que agarrarte. A continuación, después del primer golpe, llega ese momento inconsciente, ese que te obliga a parar para llevar a cabo una mirada introspectiva e ir en busca de tu yo mas sincero y verdadero, quizás aquello que ya fuiste o fracasaste para volverlo a intentar. Como la espada del samurái, forjada un golpe tras otro, con la melodía rítmica del acero y el martillo, uno para moldear, el otro para ser moldeado y transformarse en la voluntad del forjador.

Los nómadas no tienen un lugar fijo donde residir, cambian su ubicación según la estación del año, a veces donde las cosechas son mas propicias o donde el rebaño encuentra mejores pastos, nosotros migramos donde están las grandes corporaciones, esas que prometen el bienestar terrenal, sin embargo lo que encontramos muchas veces es un sueño roto, nos convertimos en galeotes cuando no en un ronin en busca de un señor al que servir a cambio del sustento, ese dios del siglo XXI que tanto aparenta llenar nuestras vidas y que al mismo tiempo vacía el alma cual trilero en un hábil juego de manos convirtiendo a la masa humana en desdichados sirvientes de la apariencia y el diseño.

Luego llegó el sacrificio, ese que haces cuando crees que una instancia superior lo merece. En ese momento cierras los ojos, y empujas, empujas, empujas, así hasta no poder más. En el camino de nómada has dejado parte de tus pertenencias, incluso las valiosas, el nómada no puede llevar mas de lo necesario ni tener seguridad, ahí descubrió el ronin la incertidumbre de la vida, el precio de las decisiones, sobre todo aquellas obligadas sabiendo de antemano que ninguna de las disponibles iba a satisfacer a todo el mundo, aquel mundo que cambió y el nómada tuvo que aprender para adaptarse a él y sobrevivir.

Grabado tradicional ukiyo-e

Y mientras tanto el ronin recorría el camino, ese que consiste en no cejar en el empeño ni dejarse intimidar por los señores del dinero, muchas veces simples paletos de las mas baja calaña moral y ética al servicio de un señor superior que tuvo una oportunidad y la supo aprovechar, quizás en un tiempo donde había oportunidades de emprender, iniciar y soñar con un futuro mejor.

Tras años de lucha todo parecía avanzar, la vida era vida, el horizonte no se tambaleaba, y al ronin cada vez le asustaban menos los retos o volver cada poco tiempo a una nueva batalla, de hecho hasta le cogió gusto al mero hecho de ponerse a prueba a si mismo, sin miedo a nada y a nadie, así que las victorias eran cada vez un poco mayores y el miedo cada vez menor.

Un día, uno de esos cualquiera, la intuición llevó al ronin a un lugar desconocido, uno que jamás había visitado, un lugar tan oscuro y profundo que quien lo visita no olvida, muchos hombres y mujeres lo conocen, han experimentado el horror y la angustia al estar allí, tanto que no desean volver, sin embargo, el ser humano en su eterna ignorancia a menudo regresa, quizás debido a sus debilidades, quizás sea la arrogancia, a veces la desesperación.

¿Qué sucedió a partir de ese día? El ronin volvió a ser de nuevo nómada, el nómada se transformó un poco mas en samurái, y el martillo dejó de cantar su melodía. El viaje volvió a comenzar, guiado por la rosa de los vientos tatuada sobre su piel, con menos equipaje, menos preocupaciones, con grandes lecciones aprendidas, con más fe en si mismo, y sobre todo, con la honestidad del que lo ha dado todo cuando la vida te ha zarandeado como un trapo y solo podías cerrar los ojos y resistir. Ahora el ronin es más samurái, menos torpe, igual de sincero, con un nuevo camino por recorrer, otras sendas que explorar, nuevos territorios que conquistar al lado de su nuevo y gran señor feudal. Atrás quedan muchas batallas, difíciles, irreconciliables, solo la honestidad, humildad y perseverancia pudo vencerlas, el resto pereció.

Al final, el nómada siempre supo que aunque a veces ronin, siempre fue samurái. Me pregunto quien crees que eres ¿Un nómada, un ronin, un samurái?, ¿Quizás todo o nada a la vez?.


0,0
0,0 de 5 estrellas (basado en 0 reseñas)
Excelente0%
Muy buena0%
Media0%
Mala0%
Muy mala0%

No hay reseñas todavía. Sé el primero en escribir una.

Este sitio web utiliza cookies y solicita sus datos personales para mejorar su experiencia de navegación. We are committed to protecting your privacy and ensuring your data is handled in compliance with the General Data Protection Regulation (GDPR).