XVI- HOTELES

XVI- Hoteles

Los hoteles son ciudades peligrosas,
lugares de insomnio y destierro,
veredas ancladas en la memoria.

Son cuerpos huérfanos de deseo
que atraviesan hangares
entre serpientes de hielo
y esconden prisas tras los ventanales
siendo ataúdes sin cuello.

Aparecen, como de la nada,
entre faroles de loza y cuero.
Abren sus puertas al alma
de los que huyen y ahuyentan miedos.

Los hoteles envejecen
con el paso bregado del yelmo
y se asoman a los campanarios
con la curiosidad del silencio.

Los hoteles,
con sus paredes tintadas
de eczemas y de adulterios,
guardan bajo llave creencias
que sólo añoran destierros.

Unos miran hacia el mar,
otros se cubren de velos,
hay algunos que quieren viajar
como viaja en su interior el recuerdo.

Hay hoteles nacidos para imaginar,
otros para esconder billeteros,
hay hoteles con azafrán
huérfanos de dichas y de alientos.

Los hoteles, al final,
no son más que sueños muertos.

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