La Ciencia de los sueños

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Desde que leí el 3er Volumen de la “Historia de la sexualidad” del psicólogo y filósofo moderno Michel Foucault me siento en deuda con él por haberme descubierto al filósofo griego Artemidoro de Efeso (Siglo II d.c). No me cabía la menor duda que para descubrir la esencia del pensamiento humano no tenía mas remedio que acudir a los filósofos griegos de la antiguedad, ellos atesoraron todo el saber y conocimiento que posteriormente fue evolucionando y dando origen a nuevas teorías y corrientes.

Nuestro estimado Artemidoro dedicó toda su vida al estudio y clasificación de los sueños, lo cual quedó reflejado en su obra “Libros de interpretación de los sueños u Onirocrítica”, una obra que recopilaba todo el saber de la ciencia onírica existente hasta la fecha que había sido estudiada por otros eruditos anteriores a él. Entrando un poco en contexto hay que decir que en la antiguedad la interpretación de los sueños era una práctica muy habitual, y no exclusivamente de Grecia, tanto es así que incluso en el antiguo Egipto se practicaba dicha “ciencia”, en la cual los dioses eran mensajeros de presagios, desgracias, fortuna, etc manifestándonos su voluntad a través de dichos sueños.

Otros autores que también escribieron acerca de los sueños en la antiguedad fueron Aristóteles, Heráclito, Nicóstrato de Efeso, Paniasis de Halicarnaso, Apolodoro de Telmeso, Galeano, Febo de Antioquía, Artemón de Mileto, Gérmino de Tiro, entre algunos de ellos, son una prueba fehaciente del interés por el estudio de dicha actividad.

Como decía previamente, Artemidoro dedicó toda su vida al estudio de la oniromancia e hizo una clasificacion extensa de los sueños en su obra el Oniromanticon, recopilando mas de 3000 de ellos. Según Artemidoro, la clave para entender el funcionamiento y significado de los sueños es el simbolismo, anticipándose con ello a las teorías psicoanalíticas más contemporáneas.

Hay que considerar al sueño siempre como “un profeta siempre listo, un consejero infatigable y silencioso”, debemos pues dedicarnos todos a interpretar nuestros sueños, quienquiera que seamos, hombres y mujeres, jovenes y viejos, ricos y pobres, habitantes de la ciudad y del campo, artesanos y oradores, sin privilegio ni de sexo ni de edad, ni de fortuna ni de profesión.

Hay que destacar que los sueños fundamentalmente presagiaban acontecimientos bien presentes o futuros por lo cual eran de gran interés y trascencencia para el sujeto puesto que posiblemente repercutirían en uno u otro sentido en la economía de la casa o del negocio, siendo por ello una cuestión mayor. Diferencia del psicoanálisis, donde los sueños provienen del pasado.

Pero, cabe preguntarse, ¿por que el ser humano ha tenido tanto interés desde tiempos tan lejanos en descubrir e indagar sobre el significado de los sueños? Según Michel Jouvet, neurofisiólogo y miembro fundador de la A.P.S.S. (Association of Professional Sleep Societies), sostiene en una de sus últimas publicaciones titulada «El Sueño y los Sueños»:

«Parece que una de las vías que conducen a la explicación del funcionamiento de la mente reside en el estudio de los sueños, puesto que existe una estrecha correlación entre las fluctuaciones energéticas del cerebro y la aparición de éstos. La actividad onírica es una de las últimas fronteras de las neurociencias y comprender lo que es la conciencia onírica, es pues la ultima frontera de la neurobiología, más lejana todavía sin duda que la comprensión de la conciencia despierta», afirmación con la cual estoy totalmente de acuerdo.

Sin duda, comunmente todos tenemos relacionado en nuestra memoria, debido en gran parte por la difusión de las películas de Woody Allen, al típico psicoanalista atendiendo a su paciente en el diván y poniendo en práctica la libre asociación de ideas para llegar a un resultado concluyente sobre los pensamientos y sueños del sujeto psicoanalizado, y es que Freud como ave rapaz bien supo estudiar y adaptar las teorías de Artemidoro dándoles un efoque propio y adueñándose de sus principios, entre ellos el concepto de tomar los sueños no como un todo sino como un ánalisis independiente de las partes, objetos, lugares, personajes, es decir, los signos y los elementos del sueño tomados individualmente como principales elementos a analizar.

En un lapso normal de una vida de setenta años, un individuo dedica por lo menos 50.000 horas a soñar; es decir 2000 días o seis años enteros de tiempo dedicado a soñar. Según un cálculo conservador, explica Hobson (1994)

Y es que si antes citábamos a los autores de la antiguedad a mediados del s.XIX – XX volvió a despertar el interés por esta actividad que comenzaba a adquirir estatus como técnica terapéutica de primer orden en la edad moderna al suprimir la noción de agente externo y ubicar al comunicador en las profundidades del yo tal y como estableció Freud.

Entre los mas destacables autores nos encontramos con figuras como Maury (1861), Wundt (1879) fundador del primer laboratorio de psicología fisiológica y discípulo de Helmholtz, ambos legaron a conformar una tendencia conceptual y enfoque pre freudiano, Oks (1880) con su obra Fisiología del sueño y de los sueños, Bois-Reymond, que en 1895 propone que los sueños se deben a la toxicidad del dióxido de carbono, Manaceine (1896), pionera del estudio del sueño en Rusia, lo define en su libro “Sleep: Physiology, Pathology, Hygiene and Psychology”, como el estado de reposo de la conciencia, Paulov (1926), Freud (1900) y Carl Gustav Jung cuya idea sobre el propósito sobre el sueño era restablecer el equilibrio psicológico mediante la producción de material onírico que restableciera, de forma sutil, el equilibrio psíquico.

Una de las diferencias más marcadas entre Jung y Freud, fue la discrepancia acerca de qué “contenido” del sueño debía interpretarse; si el “manifiesto” o el “latente”. Freud exponía que el significado del  sueño reside en las ideas oníricas latentes, que sólo podrán descubrirse mediante el proceso de libre asociación con las imágenes. En cambio, Jung, propugnaba la interpretación del contenido manifiesto, las imágenes mismas, porque para él, el sueño no es un disfraz. Las contribuciones de Jung al análisis de los sueños fueron extensivas y altamente influyentes.

Es preciso diferenciar entre el soñar y los sueños (Jones, 1970), el acto y el contenido, el proceso y el producto. El acto es fisiológico; el contenido (imágenes, anécdotas, actividades, emociones y pensamientos), psicológico.

Volviendo de nuevo al protagonista de nuestro artículo, Artemidoro, después de este breve recorrido por los distintos autores y estudiosos de la ciencia de los sueños. En su obra dedica cuatro de sus capítulos a los sueños sexuales clasificándolos en tres grupos principales, los conformes a ley, los que son contrarios y los contrarios a la naturaleza, si bien estas categorías son amplias y no muy bien definidas en su obra.

En cualquier caso la figura femenina según Artemidoro siempre conlleva un valor positivo, sea esposa, amante o prostituta e igualmente el personal de la casa nos ofrece otra categoría de partícipes, los sirvientes, esclavos… y es que hay que tener muy en cuenta el contexto en el que nos desenvolvemos, que es el de una sociedad esclavista con una jerarquía social perfectamente definida, por lo tanto aplicados estos principios a los sueños practicar sexo con un esclavo es algo favorable indistintamente de su género masculino o femenino, sin embargo ponerse debajo de un servidor invirtiendo el orden jerárquico social es de signo negativo por la infracción social cometida. Como vemos, en una sociedad mucho mas abierta y permisiva que la actual pesan mas las normas sociales que el propio código de conducta personal del individuo, concepto interesante a tener en cuenta.

Otra caracteristica bien relevante y definida dentro del ámbito de los sueños sexuales según Artemidoro es el de la penetración, acto exclusivo del partícipe masculino como símbolo de su posición, dejando bien claro que si es realizada entre mujeres mediante el uso de cualquier artificio está tan fuera de lo natural como la relación de un humano con un dios o un animal. Si bien entre hombres el acto viril por excelencia no es considerado como una trasgresión de la naturaleza.

En la obra de Artemidoro, así como en tantas otras, vemos como hace ya 2000 años la tolerancia hacia la homosexualidad en esta etapa de la historia era ya altamente aceptada, como demuestra el acto del propio Nerón en el Siglo I d.c. siendo el primer emperador romano que se unió en matrimonio homosexual, casándose con dos hombres en ceremonias legales, además de con dos mujeres, y al menos uno de sus esposos recibió los mismos honores que la esposa del César. Este tema lo dejaremos para mas adelante en otro artículo donde lo expongamos ampliamente y con la profundidad que se merece.

Para acabar quiero señalar el propósito de la obra de Artemidoro según palabras del propio Michel Foucault que fue la de “crear una obra de referencia de un hombre hacia otros hombres que sirviera para dirigir sus vidas, puesto que los sueños no se consideraban una pura y simple curiosidad, es un trabajo para gobernar la propia existencia y prepararse para los acontecimientos futuros por llegar“. Tal es la perspectiva de los libros de Artemidoro: una guía para el hombre responsable.


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