Camille Claudel (1864 – 1943)

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La primera vez que contemplé una fotografía de las impresionantes esculturas de esta grandísima artista lo mínimo que pude sentir fue la percepción de habitar algo en ellas que las hacía tan especiales como únicas a la vez. La historia de Camille Claudel no es una historia sencilla, como tampoco lo fueron ninguna de nuestras protagonistas, mujeres que en gran medida sufrieron en vida el castigo y la ocultación por haber superado en destreza, inteligencia o inspiración a sus maestros, en este caso la del gran artista de la época, Auguste Rodin, que a la vez, fue amante y amor prohibido de nuestra protagonista de hoy, Camille Claudel.

Camille ya sobresalió desde niña con tan solo 12 años de edad en su destreza y creatividad, incluso al pertenecer a una familia acomodada pudo permitirse emplear a parte de la servidumbre de la casa como ayudantes realizando tareas como amasar escayola, posar para ella (sobre todo su hermano Paul y su sirvienta Helene), cocer las creaciones… la vocación claramente se percibía en esta joven prometedora.

Camille Claudel

Existe una anécdota narrada por su biógrafo Mathias Morhardt en la que el escultor y pintor francés Paul Dubois al ver un David y Goliat de Camille aseveró con total rotundidad que ciertamente eran obras creadas por alguien instruido por Rodín cuando ella ni tan siquiera lo conocía en persona, quizás producto de la casualidad, el destino o quien sabe lo que fuera, el estilo de Camille y Auguste Rodín compartían características y detalles que sin duda hizo que estos dos artistas se reconocieran el uno al otro como alter ego y antagonistas al mismo tiempo.

En 1881 la familia de Camille se trasladó a París donde ingresaba en la Academia Colarossi, un taller escuela de escultura donde compartiría clases con otras escultoras mayormente de nacionalidad británica, recordemos que el acceso a Bellas Artes estaba entonces vetado a las mujeres. Por aquel entonces Camille consiguió hábilmente convertir la habitación de una sirvienta que abandonó el servicio en estudio propio para realizar sus obras fuera de las horas de academia, en aquellos momentos era tutorizada por el gran escultor francés Alfred Jean Boucher que en un momento dado tuvo que ausentarse nombrando a Rodín como su sustituto, momento en el cual Camille y Rodín se conocieron personalmente.

Fue de esta manera como Rodín pudo conocer las primeras obras terminadas de Claudel, como La vieille Hélène o Paul Claudel enfant. La primera de ellas la realizó a los diecisiete años y es obra, además de fiel, producto de un trabajo riguroso. Destacando por su fuerza emotiva, muy patente en los ojos de la anciana.

Paul Claudel enfant
La vieille Hélène
Gigante (Cabeza de un bandido)

En noviembre de 1885 Camille entró como ayudante en el taller de Rodín, y de ahí surgió una extraña simbiosis afecto-creativa que el propio Rodín dejaría incluso por escrito.

De hoy 12 de octubre de 1886 en adelante no tendré otra alumna que a la Señorita Camille Claudel y la protegeré a ella sola por todos los medios a mi alcance (…) Ya no aceptaré otras alumnas para que no surjan, acaso, talentos rivales, aunque no creo que se encuentren con facilidad artistas tan naturalmente dotadas…”

Auguste Rodín

En el mismo escrito se comprometía a casarse con ella. Se podría decir que la producción de aquel sirvió de inspiración a la de ella en cuanto a punto de partida de sus reflexiones sobre el tratamiento de los modelos y los aspectos fundamentales que le eran de interés desde un punto de vista tanto anatómico como psicológico y emocional.

Esta simbiosis creativa de sus obras es claramente apreciable en obras como Jeune fille à la gerbe de Camille y Galatée de Rodin, con fechas de creación bastante cercanas: la primera está cuidadosamente modelada, con acentos muy expresivos en rostro y cabello, fechada en 1887, y la segunda, reproducida primero en escayola en 1888, y luego en mármol, si bien lleva la firma y el sello de Rodin.

La pequeña castellana
Ferdinand de Massary
Busto de Rodin

Esculturas como La valse y Clotho (1889-1893) señalarían un punto de ruptura con el estilo rodiniano de sus primeros años y se alejan de la obra del escultor tanto en el tema como en el tratamiento. Son esculturas del sentimiento, de lo existencial, y su composición dinámica, en desequilibrio, marca la pauta de los últimos trabajos de Camille. Con treinta años aproximadamente de edad Camille busca alejarse de la influencia de Rodin a todos los niveles. En 1893 abandonó a Rodin.

En enero de 1899, Camille Claudel se instala en soledad en el 19 del Quai Bourbon. Su última obra de importancia es Persée et la Gorgone.

La Edad Madura, una de sus grandes creaciones, tres edades, tres maneras de sentir. Un sentimiento que va mas allá de la piel, del ser… La implorante, un sacrificio por amor, el horror al abandono, y la rendición de la voluntad.

La edad madura (La implorante, figura de la derecha)

[…] ¡esa joven desnuda es mi hermana! Mi hermana Camille. ¡Implorante, humillada, arrodillada y desnuda! ¡Todo está terminado! ¡Eso es lo que ella nos deja para ser mirado por siempre! ¿Y saben ustedes lo que se arranca de ella, en ese momento mismo, ante sus ojos? ¡Es su alma! Es al mismo tiempo el alma, el genio, la razón, la belleza, la vida, el nombre mismo”.


Paul Claudel.

Finalmente, tras muchos años viviendo casi en la indigencia, Camille Claudel fue internada en 1913, primero en París y luego en Aviñón, tras el comienzo de la I Guerra Mundial. Su madre jamás fue a visitarla y rechazó, a finales de los años veinte, el consejo de los médicos de regresarla a su hogar. Paul Claudel, hermano de Camille, embajador y célebre poeta adinerado, se negó, en 1933, a pagar la pensión hospitalaria. Un diagnóstico le achacaba “delirio sistemático de persecución basado en interpretaciones e imaginaciones ficticias”, de esta manera pasó los siguientes treinta años, negándose a modelar o dibujar y queriendo regresar a Villeneuve-sur-Fère, residencia donde pasó su primera infancia y probablemente los días mas felices que todos deberíamos poder recordar, los de nuestra niñez. Desde aquí nuestro respeto y admiración por esta gran artista y creadora no reconocida, a la misma altura, sino más, de otros grandes artistas de la época.


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