World Wide Web · Parte II

Difunde cultura

Hay acontecimientos que no se esperan, otros, al contrario, desbordantes en espectativas finalmente desaparecen en el aire como el humo. Esta es la historia de cómo un hombre y su equipo diseñaron y pusieron en práctica tres conceptos fundamentales para el desarrollo de Internet apoyándose en otras herramientas ya existentes que hasta ese momento nadie en su imaginación había relacionado de una manera tan brillante y eficaz.

El protagonista de nuestra historia se llama Tim Berners-Lee, nacido en Londres el 8 de Junio de 1955 desarrolló su carrera como científico computacional en distintas empresas, pero casi siempre estando vinculado a la institución científica europea CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear). En aquel periodo comprendido entre 1989 y 1991 desarrollaría las tecnologías clave sobre las que se fundamenta Internet: el hipertexto, tecnología semántica compuesta por tres elementos que el propio Tim Berners-Lee desarrolló, el lenguaje de etiquetas html, el servidor web httpd y el localizador de objetos en red URL.

Obligatoriamente hay que nombrar el servicio DNS (Domain Name System) que fue inventado en 1983 por Paul Mockapetris y Jon Postel en la Universidad del Sur de California, el cual supuso otra de esas herramientas claves para el éxito y extensión de Internet, un software que traducía direcciones IP, compuestas por cuatro grupos de números, en nombres comunes completamente comprensibles al ser humano, esto es, venía a ser como tener que memorizar un teléfono o bien un nombre, siempre es más sencillo recordar este último por lo comprensible en cuanto a su significado.

En el año 1989, concretamente el 12 de diciembre Tim Berners-Lee presentaba el borrador que si bien no tuvo mucho éxito sirvió para que durante el año siguiente, 1990 se reformulara basándose en parte en un proyecto anterior llamado ENQUIRE para ver la luz de manera global al público el 6 de agosto de 1991 (internamente desde el 26 de febrero de 1991), el sistema contaba con un servidor web llamado httpd (HyperText Transfer Protocol daemon) y un navegador denominado WorldWideWeb posteriormente llamado Nexus corriendo bajo el sistema operativo con entorno gráfico NextStep, Internet había nacido.

Tim Berners-Lee

A partir de este punto, la expansión es imparable, el número de servidores web pasó de veintiséis en 1992 a doscientos en octubre de 1995 y así hasta la actualidad, se calcula aproximadamente la existencia de más de 10 millones de servidores web activos, todo un ejemplo de progresión exponencial.

Estudiar Internet como fenómeno social nos llevaría probablemente tanto o más tiempo que la solarística de Solaris, podríamos escribir decenas de tomos sobre teoría y práctica del comportamiento humano, incluso no solamente socialmente sino desde un punto de vista trascendente del individuo hacia sí mismo, por ello, el punto de vista singular de cada individuo sobre sí mismo y su relación con el entorno está sufriendo una transformación, incluso podemos pensar en una tecno-transformación si se quiere contemplar desde esta perspectiva, lenta pero progresiva hacia nuevos arquetipos todavía por comprender.

Desde la visión que arroja una perspectiva extensa, cercana, y temporalmente contemporánea del mundo que transitamos no puedo dejar de hacer referencia a la obra de Donna Haraway “Manifiesto Cyborg”, publicado por primera vez en 1985 en la revista Socialist Review. El cyborg (acrónimo de cybernetic organism) es un engendro a medio camino entre la máquina y el ser humano, una base orgánica con implantes electromecánicos que amplían nuestras capacidades más allá de lo que la naturaleza nos provee de nacimiento, sin embargo, existe otro componente lógico, apartado de la fisicidad aunque participe de una base orgánica, que en términos computacionales lo denominaríamos software, y que alberga la parte lógica y racional humana (que no el alma). Este componente no está exento de influencias, modificaciones, actualizaciones, y por qué no, de una refactorización a nivel de conceptos y creencias en gran medida influencias de la sociedad circundante. Se anticipaba en obras como “1984“, escrita en 1949 por George Orwell a través de un ensayo distópico brillante el funcionamiento de una sociedad dirigida bajo la inquisitoria mirada de El Gran Hermano (Big Brother) donde todo lo esencialmente humano va quedando reducido como propósito social a la mínima expresión. Un antecedente, aunque conceptualmente más limitado, pero influencia directa en la obra de Orwell lo encontramos en una obra anterior publicada en 1920, “Nosotros” del escritor ruso Yevgueni Zamiatin.

“Guerra es Paz, Libertad es Esclavitud, Ignorancia es Fuerza”

1984 (George Orwell, 1949)

Sin embargo Orwell extiende en un nivel mucho más detallado y profundo la visión del sujeto ante un entorno controlado, como animales enjaulados objetos de estudio, en un evidente paralelismo con las sociedades contemporáneas. La cita arriba expuesta es profética, tan solo debemos hacer una pausa, reflexionar, y hacernos algunas preguntas necesarias, pero antes de ello, quizás el lector esté preguntándose qué tiene que ver todo esto con Internet. Ciertamente el planteamiento es más sencillo que su explicación. Al estudiar el reduccionismo que Orwell plantea en su obra me preguntaba si acaso la extensa red que forma Internet no participa de algunas carencias similares, esto es, la desinformación, el conocimiento superfluo, las verdad manipulada (fake news). En la novela de Orwell el lenguaje, la neolengua, está en continuo proceso de involución para quedar reducida a un conjunto mínimo de expresiones más orientadas hacia la robotización del lenguaje, la deshumanización, por primera vez el lenguaje disminuye en número de palabras, y el ser humano cada vez va siendo transformado como pieza de una maquinaria social, precisa, amoral, indiferente y completamente desvinculada de la naturaleza del ser humano.

Tim Berners-Lee creó una estructura de lenguaje que sólo podía funcionar y materializarse en el contexto digital. Si ha habido en algún momento de la historia una profunda revolución en cuanto a las estructuras del conocimiento y la información se podrían citar dos fechas principalmente, una de ellas el siglo XV (1440 aproximadamente) con la invención de la imprenta por Johannes Gutenberg y el siglo XX (6 de agosto de 1991) con la aparición de Internet como creación del investigador Tim Berners-Lee.

La naturaleza del hipertexto como construcción semántica dota al lenguaje de un componente tecnológico que representa una evolución en las estructura de acceso a la información, esta es la verdadera visión de Tim Berners-Lee, la información ya no es únicamente interpretada secuencialmente, sino que se introduce la propiedad en el lenguaje de establecer nodos de conexión entre información relacionada a través del hiperenlace a través de una nueva redefinición del concepto de texto, el hipertexto. Esto abre la posibilidad a infinitas conexiones entre distinta información, es decir, a partir de este momento el acceso a documentos e información participa de la lógica matemática contenida en la teoría de grafos estableciendo una relación necesaria entre elementos que posibilitan su clasificación, relación de cercanía, relevancia, visibilidad, y muchos otros parámetros de carácter estadístico-matemático, tal y como Orwell nos planteaba en 1984 en cuanto al reduccionismo linguístico de la sociedad hacia lo “mínimo imprescindible”.

Paul Baran (Izquierda) y Donald Davies (Derecha)

Esta apertura a las nuevas posibilidades que ofrece el nuevo paradigma de información desestructurada y desubicada pero accesible en tiempo y espacio concurrentemente por multitud de usuarios plantea otras cuestiones interesantes, ¿Se podría decir que tener accesible una cantidad de información exponencialmente superior a cualquier otra época de la historia del ser humano nos hace necesariamente más inteligentes, astutos, curiosos o avanzados? En mi opinión probablemente no, tanto el exceso de información como la ausencia de la misma son signos evidentes de desequilibrio y esto conlleva a la ignorancia en el caso de ausencia de información y a la desorientación en el caso de la sobreinformación. Quizás la clave en estos momentos de la historia se encuentre en la dimensión temporal, es decir, el tiempo y la aceleración de los ritmos de vida a niveles nunca vistos, actualmente todo es cuantificado para su análisis y mejora, en una suerte de filosofía cyborg-capitalista donde la eficiencia, la automatización, y la productividad son los ejes sobre los cuales la vida cobra todo su sentido. Estar fuera de la cadena de producción nos deja socialmente marginados como piezas innecesarias de la maquinaria social que representa el Estado, en el caso de la novela 1984 el “Estado Único”, dejando bien claro el carácter exclusivo del mismo.

Claramente desde hace décadas vivimos en una etapa donde la prioridad no es el individuo, sino el rendimiento como base para la perpetuación del sistema, no existe nada fuera del sistema, todo está adaptado al sistema, y esto incluye al lenguaje, como visionariamente describía tanto Orwell en su novela como el filósofo austriaco-británico Ludwig Wittgenstein (1889–1951) el cual proponía el concepto de “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”,  provocando una revolución en la filosofía del lenguaje, la lógica y la mente, y los límites del pensamiento al transformar la comprensión moderna del significado. Por ello, la hipertextualidad abre las puertas a una nueva frontera del lenguaje, la transmisión y accesibilidad de la información así como la adaptación del lenguaje al medio, observamos cómo el lenguaje debe adaptarse al formato de los distintos canales (digitales) de distribución de la información en una suerte de metamorfosis lingüística.

Si el lenguaje estructura, moldea y establece límites a nuestra realidad parcialmente entonces sería plausible pensar que en base a la incorporación de la tecnología a nuestra vida cotidiana condicionamos nuestro hábitat y costumbres velozmente cambiantes. La convivencia con artefactos tecnológicos no es algo nuevo sino consustancial al ser humano, pero sí tanto la cantidad de gadgets como la dependencia hacia estos, y la modificación de los hábitos de vida, percepción del tiempo y otros factores que modelan nuestra vida, si acaso, cabe preguntarse lo que ciertamente es algo recurrente en la historia, ¿Cómo se vive mejor, antes o después de la revolución?. Pero, qué revolución…


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