Hipercapitalismo y deconstrucción social. Parte II

Difunde cultura

El ser humano es una criatura ciertamente curiosa, capaz de brillar por lo mejor de si mismo y al mismo tiempo convertirse en el peor de los monstruos imaginables. Tenemos esa facultad, la adaptabilidad y el polimorfismo de nuestros pensamientos y nuestras acciones. Estamos abandonando una era monolítica en pro de unos tiempos venideros enfocados al ser humano omnisciente desde la ambivalencia tanto de lo constructivo como de lo destructivo. Quizás siempre haya sido así. Lo cierto es que habría sido increíble vivir la experiencia de la evolución humana al estilo Connor MacLeod (Christopher Lambert) en “Los inmortales” o como John Oldman en “The man from Earth” al poseer la capacidad de no envejecer.

Sin ánimo por mi parte de realizar aquí un estudio antropológico de la especie, que no viene al caso ni es el objeto del presente artículo, sin embargo si estimo dar varias pinceladas necesarias para introducir el contexto hacia el cual quiero dirigir mi punto de vista y conclusiones.

Desde tiempos inmemoriales el ser humano se ha congregado en asociaciones de interés (tribus, clanes…) bajo principios tan básicos y esenciales como el instinto de supervivencia de la especie, ese comienzo es el motivo primigenio y natural de agrupación de todo ser vivo puesto que existen muchas mas posibilidades de éxito a la hora de afrontar adversidades haciéndolo en grupo (o manada) que como simple individuo, esto forma parte de la ley natural de la vida y así está establecido, sin embargo conforme los siglos transcurrían íbamos experimentando distintas formas de organización y funcionamiento de nuevos modelos de agrupación mas avanzados que pasábamos a denominar “sociedades“, esto es, el ser humano ya no habitaba en ciudades rodeadas por murallas construidas para la defensa de un ataque enemigo proveniente del exterior, sino que ahora las murallas ficticias se convertían en fronteras dibujadas en un papel llamado mapa que delimitaba la posesión y propiedad de un pueblo, tribu, o nación. Quizás en un futuro no muy lejano, y desde una sociedad mas evolucionada, las amenazas ya ni tan siquiera provengan desde el interior del planeta, sino que estas tengan su origen en el exterior como sucede en “Starship Troopers, las brigadas del espacio” dirigida por Paul Verhoeven, o quizás estas sean invisibles y ficticias, como en “1984” novela escrita por George Orwell. Al mismo tiempo las pequeñas ciudades pasaban a convertirse en desproporcionadas megápolis capaces de albergar en sus entrañas a millones de personas proveyéndolas de todo tipo de servicios pero también anonimizando la personalidad de sus habitantes y, en ocasiones (estadísticamente aumentando cada año), despojándolos de su esencia y razón de existir, es un claro ejemplo de ello la película de culto “Taxi driver” (1976) de Martin Scorsese.

Con la llegada del siglo XXI inventos y avances clave como la electricidad, la computación, la división del átomo, el genoma humano, o la ingeniería genética abrieron la caja de pandora de las capacidades del ser humano como especie, todas las posibilidades creativas en casi todos los ámbitos de la vida se postraban ante el ser humano poseedor del nuevo fuego prehistórico, la tecnología, considerando la ciencia como una extensión de la tecnología y viceversa, ambas surgidas de la investigación, la curiosidad, la perseverancia, las guerras, y algunas veces fruto de la casualidad humanas. Unas herramientas que han revolucionado nuestra especie derribando los cimientos de siglos de evolución e involución redefiniendo el concepto de humanismo posmoderno y eliminando las fronteras de todo lo anteriormente establecido para dar paso a definir el nuevo modelo conceptual de ser humano en el siglo XXI.

Por primera vez en la historia de la evolución de un ser vivo una especie conquista tecnológicamente la capacidad para poder decidir factores determinantes como la elección de su género a voluntad o bien establecer los periodos de reproducción disponibles de manera artificial y así seleccionar el momento apropiado de la procreación. Tan solo estamos a un paso del último peldaño tecno-evolutivo, la gestación extrauterina artificial o también conocida como “Entorno Extrauterino para el Desarrollo del Recién Nacido” o EXTEND, la cual a fecha de hoy (2023) está ya en fase de ensayo clínico. En ese momento habremos alcanzado dos hitos al mismo tiempo, uno de ellos el tecnológico al haber prescindido casi prácticamente de todo contacto humano en el proceso reproductivo así como otro no menos importante, el paradigma socio-político del padre-estado, ya que por primera vez podría darse el caso de alcanzar el marco teórico utópico en el que el Estado es responsable y tutor de los individuos que componen la nación dejando atrás el concepto de familia tal y como lo conocemos hoy en día (sin duda una utopía/distopía en su máxima expresión), ya no habría hijos de Pepe y Pepa, sino que podríamos ser identificados única y exclusivamente a través de un número de serie (el DNI actual), o código de barras para desempeñar una función concreta dentro de una sociedad donde todos los roles están previamente establecidos y asignados a unidades de producción biológicas y mecánicas (robots), estamos ante el nacimiento del homo technologicus, un homo sapiens evolucionado en su versión 2.0. Ciertamente el tema no es nuevo en absoluto y ya hay escrita mucha literatura de SciFi describiendo este tipo de sociedades y evolución, sin embargo, tecnológicamente estamos cada vez mas cerca de dicha realidad debido al rápido avance de las matemáticas, la física, la computación, y la expansión de las redes de comunicaciones que posibilitan el acceso a la información de manera instantánea y precisa. El modelo económico-social establecido autorregula sus recursos de manera automática para modelar la sociedad prototipo acorde a sus necesidades de manera conceptualmente parecida a las teorías de Adan Smith.

¿Pero, que ocurre en el ámbito social? ¿Qué hay de esta deconstrucción social que llega como un tsunami y arrasa con siglos de tradición y costumbres?. La deconstrucción social no es un factor único en si mismo, sino la suma de los distintos componentes que forman parte de la sociedad del siglo XXI, entre uno de los “aliados” mas poderosos encontramos el hipercapitalismo (tema tratado en este artículo), sin este componente imprescindible la deconstrucción social no sería posible, es necesario dotar a la sociedad de una herramienta poderosa capaz de anular cualquier tipo de restricción ética o moral, y esto el hipercapitalismo lo consigue a la perfección a través del capital, es el arma definitiva contra cualquier tipo de valor o norma legal establecida, nada resiste a ello. El hipercapitalismo inocula en la sociedad el virus del individualismo que rápidamente se extiende hasta conseguir el 100% de efectividad haciendo del ser humano un ente que navega entre lo materialista y lo inmediato, y por supuesto, siempre desde la perspectiva del YO. Esto es así hasta el punto de haber completado un ciclo y alcanzado de nuevo un retorno a las cavernas de la protohistoria, al igual que hace milenios los miembros mas ancianos de la tribu morían en soledad al no poder seguir el ritmo de las tribus nómadas, hoy en día los ancianos mueren en soledad dentro sus pisos en sociedades avanzadas como las nórdicas, eso si, rodeados de todas las comodidades y avances tecnológicos posibles como televisión por cable, internet, aire acondicionado, calefacción, etc. Es el paradigma del individualismo social abocado al fracaso en una sociedad donde la paternidad es concebida como hecho probabilístico y no como una filosofía de vida, al igual que en los tiempos de las cavernas el hombre proveedor de una parte de la semilla de la vida está a un click de ser elegido según los atributos y características sobresalientes de su ficha técnica, estamos ante la desnaturalización de la selección natural, y vuelta (de nuevo) al concepto de línea matriarcal descendiente cuando cualquier hombre de la tribu prehistórica podía ser el procreador de uno o varios hijos de una mujer, es con toda certeza la era del homo technologicus.

Y de esta manera llegamos hasta aquí, un punto de inflexión donde el ser humano por primera vez se equipara al concepto de Dios como creador de vida y se erige reclamando por derecho propio tal virtud y capacidad hasta ahora solo reservada a deidades y seres superiores. Esta vez la ficción abandona la pantalla de nuestros televisores y salas de cine para convertirse en realidad al integrarse en nuestras sociedades avanzadas que prometen ser la cuna de una nueva era de bienestar social y animal. Sociedades utópicas portadoras de una promesa de felicidad a través de una vida plena donde todo es posible si eres poseedor del nuevo instrumento de Dios que nos es dado a través del hipercapitalismo, el dinero. Puedes no envejecer, puedes comprar cualquier bien material, dicen que incluso puedes comprar la felicidad y el perdón, y por supuesto, hacer de tu vida un proyecto ecológico y sostenible en sintonía con la madre naturaleza y el universo infinito. Tal es así que el proyecto de vida comienza desde el instante que el individuo toma conciencia de su ser, que suele coincidir con la preadolescencia según los últimos estudios (modo irónico), momento en el cual podrá escoger su sexo, que coincidirá, o no, con su género, pero siempre según su voluntad, criterio y libre albedrío. A partir de ahí y una vez definido este aspecto fundamental de la esencia e identidad individual el entorno mágico de las sociedades 2.0 a través de sus mecanismos y técnicas de neuromarketing 24/7 harán el resto del trabajo.

Me asombro al pensar como se ha transformado el modelo nuclear familiar tradicional en una consecución sucesiva de monogamias asociativas de interés o coparentalidades programadas al igual que nuestros ancestros primitivos (de nuevo volvemos al origen). Será que la ley natural se impone al fin, será que las sociedades capitalistas nos seducen con la facilidad de propiciar múltiples encuentros donde prima la forma desechando el fondo. O será que la prisa de la inmediatez y la satisfacción instantánea nos corrompe hasta el punto de valorar como elemento mas importante el disfrute de la novedad estético-visual independientemente de la afinidad, la estima, la fidelidad o el amor. Será que la magia del hipercapitalismo nos ha convencido de no ahondar ni buscar el por qué del yo interior en los textos de nuestros padres pensadores que un día nos dieron todas las herramientas necesarias para ejercitar nuestro autoconocimiento a través de sus teorías y enseñanzas, los hemos olvidado a ellos, y en consecuencia hemos perdido la oportunidad de saber quienes somos realmente, ahora formamos parte de la colectividad individualista (valga la contradicción) anónima del nuevo orden establecido, el homo technologicus ha surgido como producto desechable pero necesario para el modelo socio-económico que él mismo ha establecido. Es el comienzo de la deconstrucción social.


5,0
Valorado con 5,0 de 5
5,0 de 5 estrellas (basado en 3 reseñas)
Excelente100%
Muy buena0%
Media0%
Mala0%
Muy mala0%
Valorado con 5,0 de 5
1 de diciembre de 2023

Me ha parecido un artículo excepcional. Sin más. Creo que ese hipercapitalismo va a necesitar de gobernantes imbuidos de una autocracia que responderá a criterios meramente empresariales a cambio de una falsa sensación de seguridad basada en recortes de derechos constitucionales. Seres surgidos al amparo de televisión y redes sociales con modelos económicos hiperliberales y por otro lado representantes de estados dictatoriales. Si hay dos palabras que marcan el presente son “Yo”, y “Ya”. En fin, que quizá sólo nos quede la cerveza.

Juan Luis

Respuesta de Cum Lingus Communicamus

Hola Juan Luis

Muy sugerente tu planteamiento sobre la reinterpretación mercantilista y occidental del Yin y el Yang en el Yo (individualismo esclavista) y el Ya (inmediatez presentista). Con respecto a la birra, una reflexión del escritor Philippe Delerm en su maravilloso libro El primer trago de cerveza y otros pequeños placeres de la vida: “El primer trago de cerveza es el único que cuenta. Los otros, cada vez más largos, cada vez más anodinos, sólo dan una tibia pastosidad, una abundancia engañosa. El último, acaso, reencuentra, con la desilusión de acabar, un remedo de poder…”.

Un abrazo Juan Luis y gracias por compartir tus reflexiones.

Valorado con 5,0 de 5
28 de noviembre de 2023

ed
Valorado con 5,0 de 5
4 de noviembre de 2023

Muy buen artículo. Dios = dinero = soledad y extinción. Paso a paso. Enhorabuena.

Carlos
Este sitio web utiliza cookies y solicita sus datos personales para mejorar su experiencia de navegación.