He de admitirlo, el arte ukiyo-e tiene algo que me deja hipnotizado, aunque no sabría decir si debido a la técnica utilizada, su estilo o quizás por las temáticas tan diversas. De hecho me fascina que pudieran existir géneros como el shunga (literalmente “imágenes de primavera”) dedicados exclusivamente al contenido erótico de escenas íntimas donde la privacidad se expone como arte y censuradas en su época. Aclarar que el ukiyo-e está asociado a un conjunto de temáticas más que a la técnica de reproducción de las láminas, característica que propició la rápida y amplia difusión del mismo.
Sin duda el arte del ukiyo-e supuso una gran influencia en el arte a nivel internacional, recordemos que grandes maestros pintores europeos impresionistas como Van Gogh, Pissarro, Cézanne, Gauguin o Monet se vieron directamente influenciados por las temáticas y el estilo de los grabados ukiyo-e, sin embargo localmente en Japón sucedía todo lo contrario, el ukiyo-e era considerado un arte vulgar, destinado al vulgo (vulgus), al pueblo, para una clase media burguesa que podía adquirir los grabados producidos en serie a unos precios muy económicos y que recreaban múltiples temáticas costumbristas.
Cuando hablamos de ukiyo-e hemos de tener en cuenta que estamos centrándonos en un periodo de la historia de Japón muy concreto, que es el periodo Edo, abarcando desde los siglos XVII al XIX (1600 – 1868) que es donde fundamentalmente se produce está expansión del arte xilográfico del ukiyo-e importado desde China así como otras tradiciones budistas y muchas otras artes, incluida la caligrafía, el ikebana, la ceremonia del té, etc… Un arte el del ukiyo-e que fue mejorado a través de una avanzada y precisa evolución técnica.
Creo que sería apropiado comenzar por el propio significado de la palabra “ukiyo” puesto que nos servirá para ir comprendiendo muchos de los aspectos de este arte tradicional japonés. En su origen el concepto ukiyo se utilizaba para describir la vida ociosa, es decir, el teatro kabuki, los salones de té, el libertinaje (en los denominados barrios reservados o barrios rojos) y todo lo relacionado con actividades placenteras, una interpretación completamente opuesta a su significado budista que asociaba la vida a un mundo de tristeza, dolor y sufrimiento proponiendo la vía de la contemplatividad y la renuncia para un retorno a la armonía espiritual. Sería el escritor Asai Ryōi a través de su obra Ukiyo monogatari (Historia del mundo flotante) publicada aproximadamente entre 1661-1666 quien invertiría el significado del término, según sus propias palabras esta cita describe perfectamente el significado del concepto ukiyo.
“Sólo vivimos para el instante en que admiramos el esplendor del claro de luna, la nieve, la flor del cerezo y las hojas multicolores del arce. Gozamos del día excitados por el vino, sin que nos desilusione la pobreza mirándonos fijamente a los ojos. Nos dejamos llevar, como una calabaza arrastrada por la corriente del río, sin perder el ánimo ni por un instante. Esto es lo que se llama el mundo que fluye, el mundo pasajero”.
Asai Ryōi


No hay que perder la idea que en esta época las pinturas, como todo arte, eran mayormente propiedad de la alta sociedad, nobleza y clase gobernante, sin embargo se dieron las condiciones técnicas (impresión xilográfica) y estabilidad económica que propició la expansión de una creciente clase media urbana y burguesa atraída por el arte que representaba temas como el kabuki, las cortesanas y geishas de los distritos de placer, los luchadores de sumo y los hermosos paisajes de viajes, esto hizo que surgieran ukiyoeshi (pintores de ukiyo) de gran fama y talento como fueron Katsushika Hokusai, Utagawa Hiroshige o Toshûsai Sharaku así como otros especializados en retratos de mujeres (bijin-ga) entre los que se encuentran Harunobu, Utamaro, Eishi y Sukenobu.
De esta manera florecía el arte del ukiyo-e, “imágenes del mundo flotante” introduciéndose en muchos hogares que ahora podían presumir con poseer láminas de reconocidos artistas donde se podían admirar representaciones de muy distintas temáticas cotidianas, en pocas palabras, el arte se popularizó. Imprescindibles de este arte son las famosas vistas de paisajes (meisho-e) de Katsushika Hokusai “Treinta y seis vistas del monte Fuji“, a la cual pertenece la icónica lámina “La Gran Ola de Kanagawa“. Lo efímero y el poder de la naturaleza son entre otros algunos de los rasgos de los grabados de naturaleza que serían retratados en multitud de láminas como las de Hokusai o el también reconocido artista Utagawa Hiroshige (1797-1858) en sus series “Las cincuenta y tres estaciones del Tōkaidō” y “Cien vistas famosas de Edo”, el lirismo, la atmósfera, lluvia, nieve y la vida en los caminos de Japón son características que están presentes en este estilo que nos invita a participar de lo contemplativo y el desasosiego del alma.
He nombrado al comienzo otra de las temáticas interesantísimas en el arte del ukiyo-e como el género shunga, la traducción literal del vocablo japonés (de origen chino) es “traseros de primavera”, ya que “primavera” aquí es utilizado como metáfora para referirse al acto sexual. Coleccionaron láminas shunga múltiples artistas europeos, entre los que se encuentran Aubrey Beardsley, Edgar Degas, Henri de Toulouse-Lautrec, Gustav Klimt, Auguste Rodin, Vincent Van Gogh y Pablo Picasso, este último poseía una colección de 61 láminas de artistas japoneses reconocidos que le sirvieron de inspiración en su obra artística, como siempre suele suceder, unos artistas inevitablemente influencian a otros en su estilo.
Es interesante remontarnos a los orígenes religiosos de Japón para poder comprender mejor este subgénero del ukiyo-e, ya que la perspectiva sobre el sexo va a ser fundamental para darnos cuenta que la cultura tradicional japonesa al estar basada en el sintoismo (libertad sexual, fertilidad de la naturaleza…), a diferencia de la occidental, se encuentra libre del concepto pecado / culpa. El sintoismo es la religión originaria del Japón prehistórico, profundamente animista naturalista y basada en la conexión con la naturaleza, los espíritus y la armonía entre los seres vivos, no sería hasta el siglo VI cuando posteriormente llegó el budismo a Japón a través de China quedando estas dos religiones instaladas en el país como principales.



Si bien las representaciones de paisajes iban a suponer uno de los pilares centrales del ukiyo-e el shunga constituía otro de ellos. Y es que el sexo siempre ha sido (y es) una fuente poderosa de atracción vital, consustancial a nuestra naturaleza, incluso antes de que existiera internet y su vasta difusión multimedia. Por otro lado las estampas ukiyo-e de estilo shunga reportaban a los artistas generosas sumas de dinero que estos no estaban dispuestos a renunciar, así que la producción de esta temática estuvo vigente durante toda la era Tokugawa hasta su fin, e inicio de la era Meiji alrededor de 1907 aproximadamente que ya fue prohibida más estrictamente con la apertura de Japón a occidente y la aparición del comercio internacional.
Como maestros principales de esta corriente podemos nombrar a Hishikawa Moronobu, Sugimura Jihei, Yoshida Hanbei y Nishikawa Sukenobu. Usualmente las láminas de estilo shunga se editaban en colecciones de doce láminas o bien acompañadas de textos que narraban historias eróticas como los enpon (¿Inicio de la novela erótica?) dando lugar a tres estilos distintos, los shunga emaki, que eran rollos con formato horizontal, los soroimono y kumimono, álbumes ilustrados que se imprimían a partir de la misma técnica xilográfica que el resto de las impresiones ukiyo-e, y los enpon o shunpon libros eróticos y, dentro de estos tres tipos, los más populares. Curioso de nombrar el fenómeno de la figura de Nishikawa Sukenobu (siglo XVIII), cuyo apellido se convirtió en sinónimo de estampa erótica con el término Nishikawa-e («estampas de Nishikawa»), ¿acaso estamos ante una de las primeras colecciones de autor?, en cualquier caso el fenómeno es indiscutiblemente singular teniendo en cuenta el contexto.
Es imprescindible remarcar como las influencias pueden cambiar las estructuras sociales de un país entero, durante los primeros años del nuevo gobierno Meiji Japón adoptó la moralidad victoriana y se estableció una prohibición explícita en el shunga, fue una época convulsa llena de normativas legales sobre qué era permitido representar y que no, por ejemplo los enpon estuvieron prohibidos un periodo mientras que las láminas sueltas no, posteriormente llegó a prohibirse cualquier publicación shunga por una década 1750 – 1760 hasta su prohibición ya definitiva en 1907, como vemos el arte basado en el sexo siempre ha sido una materia no exenta de controversia.

Finalmente el Código penal japonés de 1907, en su artículo 175, estableció penas de cárcel contra la obscenidad, en el que se estipulaba:
Artículo 175. (Distribución de objetos obscenos)
«Cualquier persona que sea hallada culpable de distribuir, vender o exhibir en público un documento obsceno, imágenes u otros objetos, será castigado hasta con dos años de trabajo en prisión, una fianza de no más de 2 500 000 yenes […] Lo mismo aplicará para la persona que posea lo mismo con fines de venta».
Varias estaciones de policía en Tokio confiscaron 143.000 estampas y 5.680 álbumes durante ese año. Esta restricción prácticamente marcó el final de la producción del shunga, aunque al mismo tiempo ocasionó la aparición de un mercado negro dotando de un nuevo valor asociado al concepto de objeto fetiche estas láminas prohibidas que eran muy apreciadas entre los soldados al portarlas como amuletos de la suerte, recordemos la guerra Ruso-Japonesa 1904-1905.
Cabría decir muchos más datos, nombres y fechas de este arte centenario japonés que tanto ha influido a nivel mundial a otros artistas y culturas lejanas. Como siempre, la mentalidad nipona está caracterizada por ese estilo único que solo Japón sabe dotar su manera de hacer, y que además es aplicable a casi cualquier aspecto de su cultura e industria. El nivel de perfección, la obsesión por el detalle, la mejora continua del producto, todo ello son atributos que van implícitos en el adn japonés posibilitando la aparición de arte, cultura, y maquinaria solo al alcance de quien verdaderamente se propone ir más allá.
Sin duda un breve artículo, breve e imperfecto que espero abra al lector la posibilidad (y espero que la curiosidad también) de investigar y ahondar mucho más en tan fascinante faceta de la cultura nipona siempre tan sorprendente como fascinante.
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