Aquella fué la peor guerra posible, mezquina y fratricida, entre hermanos, literalmente, sin triunfadores ni vencidos. A unos les pilló en un bando y a otros en el contrario, independientemente de creencias o principios, fue una cuestión de azar, como muchas veces ocurre en la vida, estar en el sitio correcto en el momento adecuado, o viceversa. La obra está dividida en cuatro tomos cada uno de ellos centrado en una temática de la Guerra Civil española.
Cabe decir que Carlos Giménez es un historietista sencillo, un hombre de la calle que narra historias desde el suelo y no desde las alturas. Su obra está marcada sin duda por su propia vida, dado que debido a la muerte de su padre y la enfermedad de su madre Carlos Giménez pasó parte de su infancia en hogares del Auxilio Social durante la posguerra franquista, por lo que esa experiencia más tarde dió lugar a otra de sus obras más importantes, Paracuellos, considerada una de las novelas gráficas más relevantes del cómic español donde se retrata con gran realismo la vida de los niños internados en esas instituciones en el entorno de la Guerra Civil española.
El primer libro trata la sublevación fallida del 36 y los ajusticiamientos que se produjeron en ambos bandos desde una perspectiva a mi juicio bastante imparcial lo cual es de agradecer a estas alturas ya de la historia. En este primer tomo se relatan historias cortas de gente común y corriente que es arrollada por las circunstancias de la guerra que es presentada como un ente abstracto, sin criterio, fortuito y ante todo desolador. Observamos la impotencia de los personajes ante acontecimientos que son retratados desde una narrativa simple y directa alejada de cualquier tipo de artificios superfluos acompañado por el estilo gráfico de Carlos Giménez a una tinta. El blanco y negro absoluto no permite ningún margen para pensar en términos intermedios, no hay una escala de grises que arroje un atisbo de relatividad moral en las historias contadas y es que la desgracia queda patente en un trazo que sin ser complejo transmite con toda intensidad la emoción de los personajes y el sufrimiento de sus situaciones personales muchas veces sin marcha atrás ni escapatoria posible.
Las historias desgarradoras no se alejan de la realidad cotidiana, la supervivencia se convierte en un arte, quizás una ciencia que se compone de múltiples aristas asimétricas. Las relaciones sociales, las costumbres, todo son rasgos definitorios de familias, barrios, y gentes que transitan desde la confianza cotidiana hacia la inseguridad manifiesta por la lucha de poderes, por que en definitiva la guerra se trata de eso, de una lucha por el poder, básicamente materializado en territorios y recursos naturales. Todo lo demás, como siempre, es justificar los hechos. Así queda dibujado en este primer volumen compuesto por historias sueltas la realidad terrible de la guerra y su injusticia azarosa que destruye todo a su paso y que Carlos Giménez individualiza en personajes concretos que podrían ser cualquiera de nuestros amigos, vecinos o familiares, la cercanía y el humanismo de Carlos Giménez va más allá de lo estético para incluso ponernos la piel de gallina a través de los pequeños detalles, que pueden ser desde una breve frase hasta un objeto que adquiere relevancia en un contexto fatalmente adverso como es el de una guerra civil. Genialmente ilustrado ya este primer volumen es la antesala de lo que está por venir en los siguientes.

El segundo volumen aumenta la tragedia iniciada con el primero, la temática principal va a ser la del asedio de Madrid y el hambre atroz de una población que sobrevive a duras penas como puede en una ciudad asediada.
Yo lo escuché de mi padre, que contaba como había gente que incluso se comía las cascaras de las naranjas por que no había otra cosa que echarse a la boca, esto pasó factura a toda una generación, esa que perteneció a la posguerra y que sufrió el trauma y la malnutrición a consecuencia de la guerra, lo peor no fue la guerra en sí misma podría decirse, sino todo lo que vino después. El bando Nacional cada vez en mayor medida fue controlando las zonas rurales y los extensos campos de cereal de la Mancha (Castilla y León), al contrario, el bando Republicano fue perdiendo territorios agrícolas y quedó confinado a las grandes urbes poblacionales, esta situación hizo que el bando Republicano dependiera de los suministros exteriores de varios países como Argentina, EE.UU., Francia, etc… hasta que los bloqueos del bando Nacional dificultaron en gran medida el suministro de alimentos. Esto fue trágico en el capítulo que se trata en el segundo volumen, el asedio de Madrid, donde Carlos Giménez nos relata situaciones trágicas dotadas de un realismo estremecedor, como la escena del gato o los bombardeos de Madrid realizados por la Legión Condor alemana. Al igual que otros grandes autores Carlos Giménez documenta el cómic con un prólogo inicial a cargo de Antonio Martín (uno de los principales historiadores del cómic en España y Europa), y otro anexo posterior donde recoge datos historiográficos del episodio que nos relata, una vez más, desde la objetividad.
En el apartado gráfico me resulta sorprendente cómo es capaz de transmitir tanta tensión emocional en sus dibujos a una sola tinta donde muchas veces ni tan siquiera hay un esbozo de fondo en la viñeta, un decorado, nada secundario que pueda sugerirnos más información, esto hace que nuestra atención no se escape del motivo principal que relata, las viñetas expresan exactamente lo que su autor quiere transmitirnos, en este caso la angustia de una tragedia que nos recuerda inevitablemente a los horrores de la guerra de Goya en su serie de cuadros Los desastres de la guerra. No hay heroísmo ni honor en la guerra, simplemente muerte y sufrimiento, y principalmente de las personas comunes que la sufren, especialmente su cuadro El tres de mayo de 1808, con el cual Carlos Giménez comparte estilo al aplicar escenas oscuras, personajes en primer plano como protagonistas de la acción, rostros llevados hasta la deformación por el sufrimiento de una tragedia (la mujer que le parten en dos al marido en el bombardeo).
El tercer volumen se centra en los bombardeos que sufrió la capital a lo largo de la guerra desde el 36 hasta el 39, fuerzas aéreas procedentes de Italia y Alemania utilizaban el escenario de la Guerra Civil española como campo de entrenamiento para la futura Segunda Guerra Mundial que estaba por llegar. En esta serie de historias cortas se nos muestra el continuo desgaste al que era sometida la población en todos los aspectos, moral y físicamente, hasta llegar a la extenuación. Sucesos como los del gato o el hombre sin cabeza no son producto de la ficción sino como el propio autor nos relata en el anexo posterior son hechos reales del día a día en un Madrid asolado por la destrucción y la escasez de alimentos también mostrada en historias singulares y totalmente reales.
Llegado este punto del artículo quiero resaltar la idea de objetividad que Carlos Giménez transmite, pero que como él mismo aclara no debe confundirse con una postura de neutralidad. La objetividad entendida como percepción y opinión de una realidad independiente del sujeto que la percibe ofrece una perspectiva global del acontecimiento, sin embargo esto se encuentra disociado del posicionamiento moral del acontecimiento, en los conflictos no se puede adoptar una postura neutral puesto que no existe espacio para ese término intermedio.




El cuarto volumen cierra la tetralogía de la Guerra Civil española enfocado en la toma de Madrid por el bando Nacional a finales de marzo de 1939 y el posterior periodo de represión. La narrativa continúa su estilo a través del hilo conductor de los tres volúmenes anteriores utilizando a Marcelino y su familia como nexo narrativo, la historia contada a través de una familia obrera cualquiera, desde abajo. Si hasta ahora lo que se ha narrado ha sido la guerra en este volumen vamos a comprender lo que fue la denominada “paz de los vencedores“. Se nos relata distintas historias que muestran el desconcierto reinante a partir del 1 de abril del 1939, en ese momento España quedaba dividida en dos, vencedores y vencidos, tal y como nos muestra el autor, “ellos” y “nosotros”, quedando instaurado un nuevo orden a todos los niveles, el de la dictadura militar para mantener el orden económico y social y la religiosidad extrema, para mantener el orden moral. España perdía su democracia para ubicarse en una nueva estructura social constituida por el ejército, la Iglesia católica (especialmente el Opus Dei) y la clase empresarial.
Todo acabó muy rápido, durante el mes de marzo el Coronel republicano Segismundo Casado dió un golpe de Estado contra el Presidente de la República Juan Negrín lo cual debilitó aún más la resistencia activa de Madrid, si la estrategia de Juan Negrín era resistir para ganar tiempo puesto que aún quedaban medio millón de soldados en las zonas de levante y centro de España, la opción de Casado era la de forzar una rendición con condiciones que el General Francisco Franco nunca aceptó, el día 28 de marzo las tropas del bando Nacional entraban en Madrid, el día 1 de abril la guerra terminaba.
A lo largo de su trayectoria Carlos Giménez ha recibido numerosos reconocimientos, entre ellos la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2003), el Gran Premio del Salón del Cómic de Barcelona (2005) y el Premio del Patrimonio del Festival Internacional de Angulema por Paracuellos (2010). Un narrador de la historia de España en un periodo tan convulso como el de la Guerra Civil documentado a través de personas que escucharon de primera mano las historias vividas por sus padres y abuelos, nada es ficticio en la obra aquí expuesta, y en esencia esa es la magia de la obra, mostrarnos el horror de la guerra desde la simplicidad de su estilo gráfico y el blanco y negro. Podemos además afirmar que no hay demasiados comics y novelas gráficas dedicadas a este tema y menos aún representadas desde la perspectiva de compromiso que le otorga Carlos Giménez al tema.
No se me ocurre otra comparación más apropiada que la obra cumbre de Will Eisner “Contrato con Dios“, donde éste narra con extremo realismo historias del Bronx neoyorquino durante las décadas entre 1930 – 1940. Los protagonistas son inmigrantes judíos y otras familias trabajadoras que afrontan la pobreza, los conflictos familiares, la religión y la búsqueda de una vida mejor, todo esto desde un estilo sencillo y directo.
Recomiendo a cualquier aficionado al cómic y a la historia de España esta obra así como Paracuellos, aquí también podemos presumir de tener a un historietista a la altura del gran Will Eisner, su nombre es Carlos Giménez.
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